La Roldana


Luisa Ignacia Roldán Villavicencio

La Roldana


                           (1656-1704)


  Escultora. 

  Trabajó desde pequeña en el próspero taller que su padre tenía en Sevilla, este valora la capacidad de su hija para la expresión artística y le enseña a dibujar y modelar, pronto destaca como una genial maestra de la escultura y la imaginería, también ayuda a su hermana Francisca, la que será una ilustre pintora y diseñadora de retablos. Toda la familia se dedica a la realización de esculturas de gran importancia en madera policromada, tanto decorativa como procesional.


  La Roldana, como mujer de su época, pone su arte al servicio de la religión buscando, a través de sus imágenes, la reafirmación en la fe católica, dedica tiempo para la lectura, algo poco frecuente entre las mujeres y su arte está inspirado por una profunda formación religiosa; posiblemente conocía obras literarias y libros sagrados.


  Gozando ya de fama en Sevilla, recibe encargos de otras ciudades y
marcha con su propia familia a Cádiz, el cabildo le propone las esculturas de San Servando y San Germán para la nueva catedral. Son muchos los encargos y la maestría adquirida cuando se traslada a Madrid, bajo la protección del ayuda de cámara del rey Carlos II. En
Madrid solicita y obtiene el titulo de escultora real. Con este título ya firma la escultura de Santa Clara para el convento de las descalzas y por encargo del rey esculpe su obra cumbre, el arcángel San Miguel con el diablo en los pies que se encuentra en El Escorial.
  A la muerte del rey, presenta al nuevo, Felipe V dos obras junto con una nueva solicitud para seguir siendo la escultora cámara, la consigue en 1701.
  Luisa Roldán, muere en plena actividad artística, antes de los cincuenta años. Es una trabajadora incansable, una artista que ha conseguido dotar a sus esculturas de emoción, expresividad y armonía y que ha conseguido ser la más destacada escultora barroca, ocupando su nombre un lugar de privilegio en el arte barroco español y la única que se atreve a requerir lo que ninguna mujer había logrado antes: ser nombrada escultora de la cámara del rey.

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