Sofonisba
Anguissola
(1532-1625)
Fue una
pintora italiana, la primera mujer pintora de éxito del Renacimiento y una de
las artistas más longevas. Nacida en Cremona, Italia, era la mayor de siete hermanos de los cuales seis eran niñas.
Durante las
cuatro generaciones anteriores, la familia tuvo una estrecha conexión con la
historia antigua de Cartago, por lo que nombraron a su progenie en honor del
gran general Aníbal, llamando a su hija como la trágica protagonista
cartaginesa Sofonisba.
Tempranos
inicios
Amilcare
animó a sus hijas (Sofonisba, Elena, Lucía, Europa, Minerva y Ana María) a
cultivarse y perfeccionar sus talentos. Cuatro de sus hermanas también fueron
pintoras, pero Sofonisba fue de lejos la que mejor lo consiguió y más
renombrada. Elena se hizo monja (Sofonisba pintó un retrato de ella) y tuvo que
dejar de pintar, así como Ana María y Europa lo dejaron al contraer matrimonio,
mientras que Lucía, la mejor pintora de las hermanas, murió joven. La otra
hermana, Minerva, se hizo escritora y latinista. Asdrúbal, hermano varón,
estudió música y Latín, pero no pintaba. Su aristocrático padre se aseguró de
que tanto Sofonisba como sus hermanas recibieran una buena educación en la que
estaban incluidas las bellas artes.
A la edad de
14 años su padre la envió, junto con su hermana Elena, a estudiar con Bernardino
Campi, pintor también nacido en Cremona, un respetado autor de retratos y
escenas religiosas de la escuela de Lombardía. Cuando Campi se mudó a otra
ciudad, Sofonisba continuó sus estudios con el pintor Bernardino Gatti
(conocido como «El Sojaro»). El aprendizaje de Sofonisba con artistas locales
sentó un precedente para que las mujeres fueran aceptadas como estudiantes de
arte. No se sabe con certeza, pero probablemente continuó sus estudios junto a
Gatti por tres años. Su trabajo más importante de aquella época es su obra
Bernardino Campi pintando a Sofonisba Anguissola, fechado en 1550 y que se
encuentra en la Pinacoteca Nacional de Siena.
Viaje a
Roma
En 1554, a la
edad de 22 años, Sofonisba viaja a Roma, donde conoce a Miguel Ángel por
mediación de otros pintores que conocían bien su obra. Este encuentro con el
artista fue un gran honor para la pintora y se benefició de ser “informalmente”
instruida por el gran maestro. Cuando él le pidió que pintara un niño llorando,
Sofonisba dibujó un Niño mordido por un cangrejo, y cuando Miguel Ángel lo vio,
reconoció de inmediato el talento de ella. A partir de ese momento, el genio le
daba bosquejos de su cuaderno de notas para que ella los pintara con su estilo
personal y le ofreció consejo sobre los resultados. Durante al menos dos años,
Sofonisba continuó este estudio “informal”, recibiendo una sólida orientación
del mismo Miguel Ángel.
El gran
historiador del arte Giorgio Vasari escribió sobre ella: «Anguissola ha
mostrado su mayor aplicación y mejor gracia que cualquier otra mujer de nuestro
tiempo en sus empeños por dibujar; por eso ha triunfado no sólo dibujando,
coloreando y pintando de la naturaleza, y copiando excelentemente de otros,
sino por ella misma que ha creado excelentes y muy bellas pinturas».
No obstante,
no lo tuvo fácil, pues a pesar de que contó con coraje y apoyo, más que el
resto de las mujeres de su época, su clase social no le permitía ir más allá de
los límites impuestos para su sexo. No tuvo la posibilidad de estudiar anatomía
o dibujar del natural, pues era considerado inaceptable para una señora que
viera cuerpos desnudos. Esta situación se repetiría un siglo después con
Elisabetta Sirani, quien tampoco pudo acceder a una formación artística
completa por ser mujer.
En su lugar,
Sofonisba buscó las posibilidades para un nuevo estilo de retratos, con
personajes con poses informales. Los miembros de su propia familia y su propio
rostro eran los protagonistas más frecuentes de sus obras, como se puede ver en
Autorretrato (1554; en el Kunsthistorisches Museum de Viena), El juego de
ajedrez (1555; Museo Narodowe, Poznan), en el que pinta a sus hermanas Lucía,
Minerva y Europa, y el Retrato de Amílcar, Minerva y Asdrúbal Anguissola
(1557-1558; Nivaagaards Malerisambling, Niva, Dinamarca).
De Milán a
España
Cuando ya era
conocida, Sofonisba se desplazó a Milán, hacia 1558, en donde pintó al Duque de
Alba, quien a su vez la recomendó al rey Felipe II de España. Al año siguiente,
fue invitada a visitar la corte española, lo que representó un momento crucial
en su carrera. Entonces tenía 27 años.
En el
invierno de 1559-1560 Sofonisba llega a Madrid para convertirse en pintora de
la corte además de dama de compañía de la nueva reina Isabel de Valois, tercera
esposa del rey. Enseguida se ganó la estima y confianza de la joven reina.
Durante este tiempo, trabajó estrechamente con Alonso Sánchez Coello; se
aproximó tanto a su estilo, que inicialmente el famoso retrato del Felipe II,
en edad mediana, fue atribuido a Coello. Ha sido recientemente cuando se ha
reconocido a Anguissola como la autora del mismo.
Anguissola
pasó los años siguientes pintando sobre todo retratos de corte oficiales,
incluyendo los de la reina y otros miembros de la familia real, la hermana de
Felipe II: Juana, y su hijo, Don Carlos. Sus pinturas de Isabel de Valois y de
Ana de Austria, la cuarta esposa de Felipe II, son vibrantes y llenas de vida.
En 1570 aún
continuaba soltera. Después de la muerte de Isabel de Valois, Felipe II arregla
un matrimonio para Sofonisba. Al año siguiente, la pintora se casa con Don
Francisco de Moncada, hijo del príncipe de Paterno, virrey de Sicilia. La
ceremonia se celebra con gran bombo y ella recibe una dote por parte del rey de
España. Viajaron a Italia tras el enlace; aunque volvieron a España, dejaron
esta tierra para viajar a Palermo, donde falleció el marido en 1579.
Vejez en
Italia
Viajando
hacia Cremona, Sofonisba conoce a Orazio Lomellino, considerablemente más joven
que ella, que era el capitán del barco en el que viajaba. Se casaron en 1580 en
Pisa. Orazio reconoció y apoyó su trabajo de pintora y se establecieron en
Génova, en una gran casa en donde pudo tener su propio estudio y tiempo para
pintar y dibujar. La fortuna personal de Orazio, además de la generosa pensión
que le otorgó Felipe II, permitió a Sofonisba pintar libremente y vivir
cómodamente. Bastante famosa en aquellos momentos, recibió la visita de muchos
de sus colegas. Varios de éstos eran más jóvenes que ella y aprendían e
imitaban el estilo distintivo de Anguissola.
En 1623, la
visitó el pintor flamenco Anton van Dyck, quien pintó varios retratos de ella a
principios de 1600, e hizo bosquejos de sus visitas a Sofonisba en su cuadernos
de notas. Van Dyck dijo: «Aunque su vista está debilitada, se mantiene aún muy
alerta mentalmente». En contra de lo que algunos biógrafos reclaman, ella nunca
se llegó a quedar ciega; quizá tuvo cataratas. Murió a la edad de 93 años en
Palermo en 1625. Fue internacionalmente aclamada y respetada a lo largo de su
vida.
Siete años
después, en lo que sería la celebración del centenario de su nacimiento, su
viudo colocó una inscripción en su tumba en la que se leía, en parte: «A
Sofonisba, mi mujer …. quien es recordada entre las mujeres ilustres del mundo,
destacando en retratar las imágenes del hombre … Orazio Lomellino, apenado por
la pérdida de su gran amor, en 1632, dedicó este pequeño tributo a tan gran
mujer».
Un total de
50 obras han sido atribuidas con seguridad a Sofonisba. Sus cuadros pueden ser
vistos en las galerías en Bérgamo, Budapest, Madrid (Museo del Prado), Milán
(Pinacoteca de Brera), Nápoles, Siena y Florencia (Galería Uffizi).
Su obra ha
tenido enorme influencia en las generaciones de artistas posteriores. Su
retrato de la reina Isabel de Valois con una piel de marta cibelina fue el
retrato más copiado en España. Entre estos copistas se incluyen muchos de los
mejores artistas del momento, como Pedro Pablo Rubens.
Sofonisba es
también importante para el feminismo. A pesar de vivir en una época en la que
las mujeres estaban completamente ausentes de las artes visuales (por
imposición), el gran éxito de Anguissola abrió el camino a un gran número de
mujeres para perseguir la consecución de sus carreras de artistas. Algunas
sucesoras famosas, a este efecto, son Lavinia Fontana, Bárbara Longhi, Fede
Galizia y Artemisa Gentileschi.
Sofonisba
dijo en cierta ocasión: «La vida está llena de sorpresas; intento capturar
estos preciosos momentos con los ojos bien abiertos».
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